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2005/8/12 Servilletas Hace uno dias recibi un correo de milsabores pidiendome ayuda para una de sus lectoras, pues quería hacer un mantel con sus servilletas y no sabia cual era la mediada adecuada. Si miden las servilletas de los manteles que normalmente compramos se darán cuenta de la diversidad de medidas que tienen (sin contar las irregularidades en su forma) pero para todo existen reglas y es por ello que publico este material que ha formado parte en guias, clases y talleres de etiqueta y protocolo, que he dado en los últimos años en las escuelas de cocina CVCG y CECSA. Espero les sea de gran utilidad
2005/6/25 Tela con cerámicaAhora la cerámica no solo esta en vajillas o cuchillos como los Kyocera sino en las telas...desodorante textil antibacteriano de ShinShu Ceramics es la forma como comienza una reseña de un nuevo producto de este año en una revista que gentilmente me prestaron los alumnos del CVCG del turno nocturno en una exposición de mi materia "Etiqueta y Protocolo" al hablar del Japón. Es un nuevo material textil que ha sido tejido con material cerámico con efecto catalizador. Se llama mairaifu y se ha integrado en toallas, camisas, medias gracias a su poder antibacteriano y desodorante...muy útil en la cocina...para nuestros paños. La revista se llama: Nipponia. Descubriendo Japón. Mayo 2005 pg 16. Un poco más de información e incluso los detalles de la tela la pueden conseguir en: http://www.shincera.co.jp/ppt/towel_data.pdf 2005/5/9 Telas IndiasBuscando información de telas artesanales (mi socia va a egipto en un mes y pensaba encargarle una) consegui un artículo muy interesante de la problemática de la artesanía sin marketing Las telas indias encuentran patrón Jenny Housego, historiadora del arte experta en textil. Los artesanos son conscientes de que su arte sólo puede sobrevivir con el vigor que el mercado demanda. Al mercado hemos de ir Bashir Ahmad Jaan dedicó dos años y medio a tejer Samavar, un exquisito chal de pashmina bordado con hilo de seda de 14 tonos diferentes. Su maestría, heredada de sus predecesores, se vio recompensada con el premio Unesco de artesanía. Compartió ese galardón, de 5.000 dólares, con Kim Taeja, de la República de Corea, que creó Gilsando, una pantalla que se plegaba en seis paneles bordados en fino hilo de seda. Desde su creación, en 1990, este premio incita a que los artesanos empleen técnicas milenarias para elaborar diseños creativos y contemporáneos. En las ferias de artesanía del mundo entero, un jurado internacional premia los trabajos que tienen calidad artística y una salida comercial viable. La Unesco trabaja de manera conjunta con el Centro Internacional del Comercio en Ginebra para ayudar a los artesanos a vender sus productos tanto a escala local como internacional. “Aunque el papel de la Unesco termina cuando se inicia la estrategia comercial, las actividades del programa de artesanía no hacen distinción entre el marketing y el arte”, señala Indrasen Vencatachellumo, jefe de la unidad de artesanía y diseño. “La pregunta básica para los artesanos es cómo vender los productos, porque a menudo la venta es su único ingreso.” Uno de los últimos proyectos, en abril de 2001, fue la inauguración de una muestra de artesanía cerca de Luang Prabang, en Lao. En un edificio rehabilitado se distribuye directamente a los clientes la producción artesanal de talleres de aldeas cercanas, lo que permite a los artesanos recibir mayores ingresos al poder vender sin intermediarios. La artesanía de calidad no puede sobrevivir sin un marketing eficaz, según Jenny Housego, una historiadora del arte experta en telas que ha establecido lazos comerciales con artesanos indios. La autora se pregunta cuándo desarrollarán estrategias de venta las organizaciones de ayuda. Como historiadora del arte, siempre me han fascinado los retales pintados a mano y las telas estampadas medievales que se encontraron en las excavaciones de los vertederos de Fostat, en el viejo Cairo. Seguramente fueron fabricados en Gujarat, al oeste de India, y son la prueba del comercio floreciente que tuvo lugar con Egipto entre los siglos XIII y XIV. Hace algunos años, decidí comprobar si podía reproducir los diseños de esas telas antiguas con técnicas actuales. Conocí a Mohammad Bhai Siddiqui, un maestro estampador de Kutch, en Guajarat, experto en el tallado en madera de moldes de estampado, y le enseñé algunas ilustraciones de esos retales que ahora se exhiben en museos de todo el mundo. Se alegró mucho, dijo que nunca había visto moldes como ésos y que formaban parte de su tradición. Me prometió hacer todo lo posible. Mohammad Bhai cumplió su palabra. A partir de una ilustración de un pequeño fragmento reprodujo el motivo repetido. Con los mismos elementos que se habían utilizado en el pasado, confeccionó un magnífico mantel de Fostat en colores vivos y resplandecientes. Pusimos los manteles en venta con la certeza de que causarían sensación. Pero no fue así. Los consumidores, acostumbrados a los estampados baratos de India, consideraron que nuestros manteles eran muy caros. Eran incapaces de apreciar los siglos de maestría necesarios para su confección. ¿Por qué iban a ser baratos? ¿Por qué las telas artesanales deben competir con la producción en masa? ¿Por qué se asocia la prestigiosa artesanía india con materiales de mala calidad, colores que destiñen y diseños aburridos? La antigua tradición de confección no ha sido reemplazada por una nueva. Los artesanos, que ya no trabajan en sus propias comunidades, encuentran grandes dificultades para conseguir nuevos mercados y se ven obligados a vender lotes en los que sólo importa el precio. La idea de distribuir productos de alta calidad en mercados alternativos no ha cuajado en esta región. Gobiernos y organizaciones artesanales no acaban de ver la importancia de destinar ayudas para mejorar la calidad e identificar puntos de venta. Pero la artesanía y el comercio están vinculados estrechamente. Hace tiempo, un bordador del primer centro de producción artesanal que tuve me dijo que tenían mucha suerte de que yo hubiera abierto esta empresa, ya que mis ingresos suponían ganancias para ellos. Me habló de una agencia gubernamental y de una ONG que habían creado un programa de aprendizaje en el pueblo pero, al no haber ninguna estrategia de mercado ni de venta de los productos, el proyecto fracasó. No es una historia única. Las he oído a cientos por toda India. Un amigo de Delhi que promociona artesanía se queja continuamente de que hay ayudas para construir casas, comprar telares o excavar un pozo, pero no para la artesanía. Sin promoción, la artesanía es sinónimo de caridad. La gente compra por “ayudar” a los fabricantes sin reparar en su calidad o en su exquisito diseño. Para que sobreviva la tradición textil es necesario encontrar nuevos patrones. Mi afición por los textiles y artesanía me hizo suponer que algo se podía hacer para que renaciera la fama de India como productora de las telas más maravillosas del mundo. Durante años, mi interés fue meramente académico, pero, además, siempre me ha gustado trabajar en el terreno y aprender del pasado a través del presente. Fabricando sueños Cuando hace 15 años me vine a vivir a India y decidí fabricar tejidos artesanales, ambas aficiones confluyeron. Ésta es la razón por la que fundé junto a mi marido Shades of India, una empresa que fabrica telas decorativas únicas. Como creemos que la artesanía no es algo estático, combinamos las mejores técnicas tradicionales con diseños innovadores, tanto antiguos como contemporáneos. Hemos creado nuestro propio mercado, presentando la colección a nuestros clientes en lugar de estar a expensas de sus gustos. Un cliente de una tienda en Londres, nos dijo: “Fabriquen un sueño.” Y es lo que esperamos hacer. Poco a poco, van llegando clientes internacionales que saben que India es el único lugar del mundo donde encontrar semejante variedad de productos cosidos a mano. No es un camino fácil, pero no hay nada que me guste más que sentarme junto a un grupo de artesanos para buscar ideas para una nueva colección. Trabajamos con artesanos de todo el país y nos hemos establecido en las aldeas cercanas a Delhi, donde antes las mujeres no tenían oportunidad de trabajar. La misma filosofía subyace en la compañía Kashmir Loom, que fundé hace unos años en Srinagar con los hermanos Asaf y Hamid Ali , de Cachemira. Ésa es la región donde mejor se trabaja, se hila y teje la lana en todo el mundo. La más suave es la llamada shahtoosh, que ahora está prohibido fabricar, ya que el ciru, el antílope salvaje del que proviene, está en vías de extinción. La pashmina es casi ingrávida por su delicadeza y una delicia para llevar. Se extrae de la cabra changra, que vive en Ladakh y Tíbet, a 4. 000 metros de altitud y no debe confundirse con las telas del mismo nombre, una mezcla de baja calidad proveniente de Nepal. En primavera, los pastores nómadas esquilan a mano sus rebaños. Esta lana se lleva entonces a Cachemira, donde se carda e hila a mano y se teje en telares tradicionales. Esta fina gasa es demasiado delicada para ser confeccionada por una máquina. No es de extrañar que sea tan cara. El tiempo y la pericia necesarios para confeccionar un chal tienen su precio. Trabajamos junto a los artesanos. Al principio teníamos nuestras dudas, pero ahora ellos son la fuerza creativa de nuestro trabajo. Ventajas del mercado Son conscientes de que su arte sólo puede sobrevivir con el vigor que el mercado demanda, trabajando en equipo y respetando el talento y las aportaciones de todos. Se ganan bien la vida y sus hijos suelen seguir sus pasos. Siento que soy una persona privilegiada al formar parte de sus vidas, de su oficio. Como historiadora del arte era una extraña, una espectadora del arte de sus ancestros. Ahora vivo con ellos. Si las grandes agencias incorporaran una estrategia de mercado y de ventas bien planificada y realizaran a gran escala lo que nosotros hacemos, sus proyectos de desarrollo experimentarían un cambio sus Fuente: Unesco.org |
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